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Rubén y el reloj robot mágico

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Rubén y el reloj robot mágico

Era una noche tranquila en la pequeña ciudad de Villa Luz, y el inventor de doce años Rubén estaba sentado en su taller rodeado de tornillos, cables y luces LED parpadeantes. Su último proyecto, un reloj robot, yacía esparcido por el banco de trabajo. A Rubén siempre le había fascinado cómo funcionaban las cosas, y su sueño era crear algo que pudiera ayudar a las personas en su vida cotidiana.

Después de meses de dibujos y experimentos, finalmente había logrado hacer que su reloj no solo mostrara la hora, sino que también ayudara con pequeñas tareas como recordarle la tarea y llevar un registro de fechas importantes. Rubén había dado a su creación el nombre "Relojín", y estaba equipado con una pequeña pantalla y una voz cálida y amigable.

"¡Buenas noches, Rubén!", zumbó Relojín cuando Rubén presionó su botón de inicio.

"Buenas noches, Relojín", respondió Rubén y sonrió. "¿Estás listo para nuestra primera noche de prueba?".

Relojín parpadeó y dijo: "¡Por supuesto! ¿En qué puedo ayudarte hoy?".

Rubén pensó y decidió dejar que Relojín le recordara leer un libro antes de dormirse. "Recuérdame leer durante veinte minutos antes de irme a la cama, Relojín".

"¡Por supuesto, Rubén! Te lo recordaré en veinte minutos", respondió Relojín felizmente.

Rubén se hundió en su cama con su libro favorito y rápidamente se perdió en el mundo mágico de la historia. De repente, justo cuando la aventura alcanzaba su clímax, escuchó la voz de Relojín: "Rubén, es hora de que termine tu lectura nocturna".

Aunque quería seguir leyendo, Rubén recordó por qué había programado a Relojín para recordárselo. Necesitaba dormir para manejar la escuela al día siguiente. "Gracias, Relojín", dijo y puso el libro en la mesita de noche.

A la mañana siguiente, Rubén se despertó alerta y descansado, listo para un nuevo día. Durante el día, usó a Relojín para llevar un registro de su tarea e incluso para recordarle llevar su chaqueta de lluvia cuando comenzó a nublarse.

Las semanas pasaron, y Relojín se convirtió en una parte indispensable de la vida de Rubén. Pero un día, Rubén notó que se había vuelto demasiado dependiente de su creación. Se dio cuenta de que casi ya no pensaba en esas cosas él mismo, confiando completamente en Relojín.

Así que una noche, cuando yacía en la cama y Relojín le recordó apagar la lámpara, Rubén decidió apagar a Relojín por la noche. "Creo que intentaré arreglármelas sin ti por un tiempo", dijo con cuidado.

"Eso suena como una buena idea, Rubén", respondió Relojín comprensivamente. "Recuerda que siempre estoy aquí si me necesitas".

Cuando Rubén yacía allí en la oscuridad, se dio cuenta de que no se trataba solo de tener herramientas, sino también de usar su propia capacidad para pensar y tomar decisiones. A partir de ese día, usó a Relojín más como un amigo y menos como una muleta.

Y así, Rubén y Relojín vivieron en perfecta armonía, con Rubén siempre tomando tiempo para pensar por sí mismo antes de pedir ayuda. Eran un equipo, pero Rubén ahora sabía que la herramienta más importante que tenía era su propia inteligencia y creatividad.

Moraleja: Es importante confiar en tus propias habilidades, usando la tecnología como un apoyo, no como un reemplazo.

Fin

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