Los tres cerditos por Desconocido
Desconocido
3-6 Años
2 min
Tres cerditos construyen casas de paja, madera y ladrillo. Un lobo que sopla fuerte los persigue. ¿Podrá el trabajo bien hecho salvarlos cuando el lobo intenta bajar por la chimenea?

Los tres cerditos

Érase una vez tres cerditos hermanos que decidieron construir sus propias casas. El primero era juguetón y tenía prisa. El segundo quería terminar pronto para ir a jugar. El tercero era paciente y muy trabajador.

El cerdito juguetón encontró paja suave y ligera. "Haré mi casa de paja. Así acabaré rápido", dijo contento. Pronto levantó paredes amarillas y un tejado que olía a campo. Se puso a cantar y a descansar.

El segundo cerdito juntó palos y ramas. "Mi casa será de madera. Es más fuerte que la paja, y no tardaré mucho", pensó. Colocó los palos en filas, amarró las ramas y, en poco tiempo, tuvo una casita crujiente, de color marrón.

El tercer cerdito cargó ladrillos pesados y preparó mortero. "Yo quiero una casa segura y firme", dijo, y trabajó con calma. Puso los ladrillos uno sobre otro, bien rectos, y dejó una chimenea en el techo. Le tardó varios días, pero quedó una casa roja, sólida y bonita.

Un día, apareció por el camino un lobo hambriento. Olió la paja y sonrió mostrando los colmillos. Tocó la puerta de la casa de paja y dijo: "Cerdito, cerdito, déjame entrar". El cerdito respondió: "¡No, no! ¡Ni por los pelitos de mi barbilla!". El lobo gruñó: "Entonces soplaré y soplaré, y tu casa derribaré". Sopló y sopló… ¡y la casa de paja se desmoronó! El cerdito corrió asustado hacia la casa de madera de su hermano.

El lobo llegó enseguida a la casa de madera. Tocó la puerta y dijo: "Cerditos, cerditos, déjenme entrar". Ellos contestaron: "¡No, no! ¡Ni por los pelitos de nuestras barbillas!". El lobo tomó aire: "Entonces soplaré y soplaré, y su casa derribaré". Sopló con todas sus fuerzas. La casa crujió, tembló… y ¡plaf!, se vino abajo. Los dos cerditos salieron corriendo y alcanzaron la casa de ladrillo de su hermano mayor.

El tercer cerdito los recibió y cerró la puerta con cuidado. "Tranquilos, aquí estaremos seguros", dijo. Al poco, el lobo llegó jadeando. Llamó fuerte: "Cerditos, cerditos, déjenme entrar". Los tres respondieron: "¡No, no! ¡Ni por los pelitos de nuestras barbillas!". El lobo sonrió con malicia: "Entonces soplaré y soplaré, y su casa derribaré".

Sopló una vez. Nada. Sopló otra vez, más fuerte. Nada. Sopló y sopló hasta quedarse sin aliento, pero la casa de ladrillo no se movió ni un poquito. La chimenea brillaba al sol y las paredes estaban firmes como una montaña.

Entonces al lobo se le ocurrió otra idea. "Si no puedo derribarla, entraré por la chimenea", murmuró. El tercer cerdito, que era muy listo, encendió el fuego y puso a calentar una gran olla de agua debajo de la chimenea. El agua empezó a burbujear: blup, blup, blup.

El lobo trepó al tejado, se deslizó por la chimenea… y ¡zasss!, cayó justo dentro de la olla. "¡Auuuu! ¡Qué caliente!", aulló, dando un salto enorme. Salió disparado por la puerta y corrió, corrió, corrió, prometiendo no volver a molestar a los cerditos jamás.

Los tres hermanos se abrazaron. "Gracias por recibirnos", dijeron los dos menores. El mayor sonrió: "Trabajar bien y con paciencia vale la pena". Desde ese día, los tres vivieron juntos en la casa de ladrillo, seguros y felices. Aprendieron a jugar, a ayudar y también a construir cosas firmes, con calma y cuidado.

Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

The End

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