La pequeña rosa rosada por Desconocido
Desconocido
3-6 Años
2 min
Una rosa miedosa se niega a abrir su capullo, hasta que el sol, la lluvia y el viento le enseñan a ser valiente. Descubre cómo el mundo la sorprende.

La pequeña rosa rosada

En un jardín tranquilo, detrás de un muro alto, vivía una pequeña rosa rosada. No era todavía una flor abierta; era un capullo envuelto en hojas verdes, calientito y cerrado. Como solo conocía su rincón, creía que el mundo era oscuro, frío y muy, muy grande.

Una mañana, el Sol dorado miró por encima del muro y sonrió. —Pequeña rosa —dijo con voz tibia—, abre tu capullo. Quiero verte brillar. Te traeré luz y calor. La rosita tembló un poquito. —No —susurró—. Tengo miedo. La luz es muy fuerte. Mejor me quedo aquí, cerrada y segura. El Sol no se enojó. —Está bien —respondió—. Cuando estés lista, volveré.

Por la tarde, llegaron nubes suaves y la Lluvia comenzó a caer, fresca y clara. —Pequeña rosa —cantaron las gotitas—, abre tu capullo. Te daremos de beber. La rosita negó con su hojita. —No. Me mojaré y tendré frío. Prefiero quedarme apretadita. La Lluvia habló bajito, como una nana. —Seré mansa, apenas un beso. Pero la rosita siguió cerrada.

Más tarde sopló el Viento, juguetón y curioso. —¡Abre, rosita! —silbó—. Quiero bailar contigo. La pequeña rosa apretó más sus pétalos. —No. Soplas demasiado. Me despeinarás y me soltarás. El Viento suspiró y se marchó a jugar con las nubes.

Pasaron los días. El Sol, la Lluvia y el Viento no se enojaron con la rosita. Siguieron cuidando el jardín. El Sol calentó la tierra. La Lluvia la ablandó y la llenó de agua buena. El Viento apartó las nubes pesadas para que el cielo se viera azul. Debajo de sus hojitas, la pequeña rosa sintió cosquillas de vida. Su tallo se puso más fuerte. Su capullo comenzó a aflojarse, pétalo a pétalo.

Una mañana tibia, el Sol volvió a sonreír. La Lluvia dejó una última gota brillante sobre el capullo, y el Viento susurró muy despacito: —Ahora sí. Ya es tiempo. La rosita tomó aire de valor. Empujó un poquito… y un pétalo se abrió. Luego otro, y otro más, hasta que, por fin, se convirtió en una hermosa rosa rosada.

Lo primero que vio fue el cielo grande y azul. Escuchó pájaros cantar y vio una mariposa pasar. El jardín olía a tierra buena y a flores nuevas. La pequeña rosa sonrió. —¡Oh! —dijo—. El mundo no era oscuro ni frío. Es hermoso.

—Gracias —les dijo al Sol, a la Lluvia y al Viento— por no rendirse y por ayudarme a ser valiente. El Sol respondió: —Todos crecen cuando llega su momento. La Lluvia añadió: —A veces se necesita una gotita de valor y otra de paciencia. Y el Viento rió: —Y un soplo de ánimo.

Desde entonces, cada mañana la rosa se abría confiada para saludar al día, y por la noche se cerraba para descansar. Ya no tenía miedo. Y cuando un nuevo capullo apareció cerca y dijo: —Tengo un poco de miedo—, la rosa le susurró: —El mundo es hermoso. Abre cuando estés listo. Aquí estaremos contigo.

Y el jardín siguió lleno de luz, de agua, de viento… y de flores valientes.

The End

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