La gallinita roja
Había una vez una gallinita roja que vivía en una granja alegre. Era trabajadora y curiosa. Con ella vivían un perro dormilón, un gato muy elegante, un pato charlatán y un cerdo tragón. También picoteaban por allí sus tres pollitos amarillos.
Un día, la gallinita roja encontró unos granos dorados de trigo en el patio. Los recogió con cuidado y dijo: "¡Qué suerte! Si los planto, habrá espigas, y con las espigas, harina, y con la harina, pan".
La gallinita preguntó: "¿Quién me ayudará a plantar este trigo?" El perro dijo: "Yo no". El gato dijo: "Yo no". El pato dijo: "Yo no". El cerdo dijo: "Yo no". "Entonces lo haré yo sola", dijo la gallinita roja, y con sus patitas escarbó la tierra y plantó los granos.
Pasaron los días. Las pequeñas hojitas verdes salieron de la tierra. "¿Quién me ayudará a regar el trigo y a quitar las malas hierbas?", preguntó la gallinita roja. "Yo no", ladró el perro desde su sombra. "Yo no", maulló el gato acomodando su bigote. "Yo no", graznó el pato chapoteando. "Yo no", gruñó el cerdo mirando el comedero. "Entonces lo haré yo sola", dijo la gallinita, y regó, y quitó hierbas, y cuidó el campo bajo el sol.
El trigo creció alto y dorado. "¿Quién me ayudará a segar el trigo?", preguntó la gallinita roja. "Yo no", respondió el perro. "Yo no", dijo el gato. "Yo no", dijo el pato. "Yo no", dijo el cerdo. "Entonces lo haré yo sola", dijo ella, y con paciencia cortó las espigas y las juntó en haces.
Cuando estuvieron listas, volvió a preguntar: "¿Quién me ayudará a trillar y a separar el grano de la paja?" Otra vez: "Yo no", dijo el perro. "Yo no", dijo el gato. "Yo no", dijo el pato. "Yo no", dijo el cerdo. "Entonces lo haré yo sola", dijo la gallinita, y batió las espigas, y aventó el grano hasta llenar un saco.
"¿Quién me acompañará al molino para moler este trigo y hacer harina?", preguntó después. "Yo no", dijeron los cuatro, uno tras otro. "Entonces lo haré yo sola", dijo la gallinita roja, y llevó el saco al molino. El molinero molió el grano, y la gallinita volvió con harina blanca y suave.
En la cocina de la granja, la gallinita roja preguntó: "¿Quién me ayudará a amasar la harina y a hornear un pan?" "Yo no", bostezó el perro. "Yo no", ronroneó el gato. "Yo no", graznó el pato. "Yo no", gruñó el cerdo. "Entonces lo haré yo sola", dijo ella. Mezcló la harina con agua y sal, amasó, formó una hogaza y la metió en el horno.
Pronto, un olor rico y calentito llenó la granja. Todos olieron el pan y se acercaron corriendo. La gallinita roja sacó la hogaza dorada y crujiente. "¿Quién me ayudará a comer este pan?", preguntó.
"¡Yo!", ladró el perro. "¡Yo!", maulló el gato. "¡Yo!", graznó el pato. "¡Yo!", gruñó el cerdo.
"No", dijo la gallinita roja con calma. "Cuando pedí ayuda, nadie quiso ayudar. Así que este pan lo comeré yo, y lo compartiré con mis pollitos".
Y así lo hizo. Partió el pan calentito, crujió en sus picos, y los pollitos piaron felices alrededor de su mamá. Los otros animales miraron en silencio.
Desde ese día, cuando la gallinita roja preguntaba: "¿Quién me ayudará?", más de una voz contestaba: "¡Yo!" Porque todos aprendieron que el trabajo en equipo hace el pan más rico para compartir.




