¡Es completamente cierto! por H.C. Andersen
H.C. Andersen
6-9 Años
3 min
Una plumita cae y se convierte, de boca en boca, en un gran escándalo de gallinas. ¿Cómo crece un rumor? Descúbrelo en este cuento divertido sobre la verdad… ¡y lo que parece verdad!

¡Es completamente cierto!

Al caer la tarde, el corral se calmó. Las gallinas treparon al palo para dormir y el gallo, orgulloso, ya se había acomodado. Una gallina blanca, muy pulcra, se atusó las plumas con el pico, como hacen todas antes de cerrar los ojos. Mientras se arreglaba, una plumita se soltó y cayó suave al suelo.

—Bah —se dijo en voz bajita, más para sí que para nadie—. A veces se pierde una plumita. Eso le pasa a cualquiera. Así y todo, una quiere verse bonita.

La gallina de al lado no oyó todo. Solo alcanzó a escuchar “plumita” y “verse bonita”. Y, como estaba de muy buen humor, se lo contó a la vecina del otro extremo del palo antes de dormirse.

—¿Sabes lo que oí? —susurró—. Una gallina de aquí se arrancó una pluma para estar más guapa. ¡Qué ocurrencia!

—¡Qué cosas! —respondió la otra, abriendo los ojos—. Eso no es nada prudente. Pero ya sabes cómo son algunas…

A la mañana siguiente, cuando las gallinas bajaron del palo, la segunda gallina contó su versión a una tercera, con un gesto sabio de cabeza.

—Ayer por la noche supe de una gallina que se arrancó dos plumas para que el gallo la mirara más. Dos plumas. ¡Lo digo yo, que lo escuché casi de primera boca!

La tercera gallina se escandalizó. Y como nada viaja más rápido que una historia jugosa, al rato se lo soltó a una cuarta mientras picoteaban maíz.

—¡No te lo pierdas! —cacareó—. En nuestro mismo corral hay una gallina que se ha arrancado cinco plumas para llamar la atención del gallo. Cinco. ¡Ya verás que pronto se queda en carne viva!

Un gorrión, que picoteaba migas cerca del comedero, escuchó ese “cinco plumas” y abrió los ojos redondos.

—Esto hay que contarlo —triló a su pareja, la gorrioncita—. En el corral de al lado, una gallina se está arrancando las plumas por el gallo. Ya van cinco, y seguro que seguirá. ¡Qué locura!

El gorrión voló a la cerca, y desde allí se lo dijo a un palomo que siempre estaba al día de todo.

—¿Solo una? —arrulló el palomo, inflando el pecho—. He oído que son cinco gallinas. Todas se están arrancando las plumas. Dicen que pasaron la noche tiritando en el palo, casi desnudas. ¡Pobrecillas, por presumidas!

El palomo llevó la historia al palomar grande, y allí, entre aleteos y murmullos, la cosa creció aún más. Para cuando un pato que vivía cerca escuchó el cuento, ya iba así:

—En la granja vecina, cinco gallinas se arrancaron todas las plumas para gustarle al gallo. Se dice que se picaron entre ellas y que hubo sangre en el palo. ¡Qué vergüenza para el corral!

—¡Escándalo! —grasnó el pato, indignado—. Esto hay que denunciarlo.

Una lechuza nocturna, que tenía fama de enterarse de todo y de contarlo con solemnidad, oyó la charla del pato. La lechuza, muy seria, se arregló las plumas como si se pusiera una corbata invisible y anunció:

—Publicaré la noticia en el periódico del granero. Es mi deber. La verdad debe saberse.

Esa misma noche, la lechuza redactó con su mejor estilo:

“Catástrofe en el gallinero: cinco gallinas, locas por vanidad y amor, se han arrancado las plumas. Se picotearon hasta dejarse desnudas y sangrando. El gallo, culpable por su orgullo, no dijo nada. Es completamente cierto”.

El viento llevó la noticia de ventana en ventana. Los animales de otras granjas comentaron con aire grave, moviendo la cabeza, y cada quien añadió un detalle más: que las gallinas se habían desmayado, que el granjero llamó al veterinario, que el gallo había cantado desafinado de la vergüenza. Cuanto más lejos llegaba el cuento, más grande se hacía.

Mientras tanto, en el corral donde todo había nacido, la gallina blanca despertó temprano. Picoteó un poco, se sacudió y vio en el suelo una plumita, fina y brillante. La miró con curiosidad.

—Debe de ser mía, de anoche —dijo tranquila—. Es normal. A todas se nos cae alguna pluma cuando nos arreglamos. Hoy me veo bien así, tal cual soy.

El gallo cantó fuerte, orgulloso como siempre. Las gallinas se pusieron al sol, felices. Nadie estaba pelada, nadie tiritaba, nadie sangraba. La vida siguió, y el maíz supo rico.

No fue hasta que un pájaro viajero, que traía noticias de otros corrales, les contó el gran escándalo que se quedaron todas con el pico abierto.

—Dicen —relató el viajero, muy serio— que aquí cinco gallinas se arrancaron cada pluma del cuerpo, que se picaron por celos y que el gallo no detuvo la tragedia.

Las gallinas se miraron unas a otras, y luego soltaron un cacareo que parecía risa.

—¡Qué disparate! —dijo la gallina blanca—. Yo solo perdí una pluma mientras me peinaba. Una. Ni siquiera me di cuenta.

El viajero se encogió de hombros.

—Pues a mí me lo contaron como la más pura verdad. Y hasta estaba escrito: “Es completamente cierto”.

La gallina blanca miró al cielo claro y picoteó una semilla.

—A veces, una plumita se convierte en una historia gigante —dijo—. Alguien oye una cosa, otro la agranda, otro añade algo, y al final, ¡mira! De una pluma se hacen cinco gallinas. Y todos juran que es la verdad.

Y el corral siguió su día, con sol, maíz y sombras frescas. Pero desde entonces, cada vez que una historia volaba demasiado deprisa, las gallinas se miraban, sonreían y recordaban que conviene preguntar, ver con los propios ojos y no repetir todo lo que uno oye… por muy “completamente cierto” que parezca.

The End

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