El cuervo y el cisne por Esopo
Esopo
3-6 Años
2 min
Un cuervo quiere ser tan blanco como un cisne y se muda al lago para bañarse sin parar. ¿Funcionará? Descubre cómo aprende a quererse tal cual es y a no pasar hambre.

El cuervo y el cisne

En un lago tranquilo, el agua brillaba como un espejo. Allí vivía un cisne de plumas blancas, tan blancas como la nieve. Deslizaba su cuello largo sobre el agua y todo parecía más limpio cuando él pasaba.

No muy lejos, en un árbol alto, vivía un cuervo. Sus plumas eran negras, negras como la noche, y brillaban al sol. El cuervo era listo y curioso. Volaba por el pueblo, encontraba migas de pan, semillas y frutitas, y siempre estaba contento… hasta que un día vio al cisne.

—¡Qué hermoso es! —pensó el cuervo—. Sus plumas son más blancas que una nube. Yo también quiero ser así.

El cuervo miró el agua clara del lago y tuvo una idea. —Seguro que el cisne es blanco porque se baña aquí —se dijo—. Si yo me baño mucho, me volveré blanco también.

Al día siguiente, el cuervo dejó su árbol y su lugar conocido. Voló hasta la orilla del lago y, ¡chap!, metió las patas. Luego, ¡plaf!, se sumergió y se remojó de cabeza a cola. Se sacudió, se miró las alas… y seguían siendo negras.

—Tal vez necesite un baño más largo —pensó. Y así lo hizo. Se bañó por la mañana, por la tarde y por la noche. Frotó sus plumas, se lavó una y otra vez. Pero sus plumas continuaron negras, brillantes como siempre.

Pasaron los días. El cuervo no sabía encontrar comida en el lago. No sabía pescar ni comer hierbitas como las aves de agua. Extrañaba las migas del pueblo y los frutos del campo. Empezó a sentirse cansado y con mucha, mucha hambre. Sus alas pesaban y su pancita hacía ruido.

El cisne, al verlo tan flaco, se acercó despacito. —Amigo cuervo, ¿qué te ocurre? —preguntó con voz suave.

El cuervo suspiró. —Quería ser blanco como tú. Por eso vine a bañarme aquí. Pensé que el agua me cambiaría.

El cisne sonrió con cariño. —El agua limpia, pero no cambia quiénes somos. Yo nací blanco, y tú naciste negro. Tus plumas son hermosas a su manera: brillan como el cielo de noche. Además, tú eres experto encontrando comida en el pueblo y en el campo. Si tratas de vivir como yo, tendrás hambre. Si vuelves a ser tú mismo, estarás fuerte y feliz.

El cuervo miró su reflejo. Sus plumas negras relucían sobre el agua. Sintió que su corazón se hacía ligero. —Tienes razón —dijo—. Seré el mejor cuervo que pueda ser.

Agradeció al cisne, batió sus alas y regresó a su árbol. Allí encontró migas, semillas y frutitas. Comió, descansó y recuperó su fuerza. A veces volaba al lago a saludar al cisne. El cisne seguía blanco, el cuervo seguía negro, y los dos eran amigos.

Desde entonces, cuando el cuervo veía su sombra brillar, recordaba la lección: no hace falta parecerse a otro para ser valioso. Ser uno mismo es lo mejor.

The End

Más de Esopo