El astrólogo por Esopo
Esopo
3-6 Años
1 min
Un astrólogo mira tanto las estrellas que cae en un pozo. Un vecino lo rescata y le enseña una lección: antes de adivinar el futuro, hay que mirar por dónde se pisa.

El astrólogo

En un pueblo tranquilo vivía un hombre al que todos llamaban el astrólogo. Le encantaba mirar el cielo por la noche. Decía que, leyendo las estrellas, podía saber lo que iba a pasar. Por eso, caminaba siempre con la cabeza levantada, los ojos llenos de brillitos, siguiendo con la mirada cada estrella que parpadeaba.

A veces la gente del pueblo le preguntaba: “¿Lloverá mañana? ¿Tendré suerte?”. Y él respondía muy serio, sin dejar de mirar arriba. Pero, por mirar tanto el cielo, casi nunca miraba el camino. No veía las piedras, ni los charcos, ni los baches. Pensaba más en el futuro que en lo que tenía justo delante de los pies.

Una noche, el cielo estaba clarito y lleno de puntos de luz. El astrólogo salió contento a pasear. Caminó por la calle, cruzó la plaza y llegó al campo, donde todo estaba en silencio. Levantó más y más la vista para ver mejor las constelaciones. Dio un paso, y luego otro, sin fijarse en el suelo.

¡De pronto… zas! El astrólogo desapareció. Había caído en un pozo profundo y oscuro que estaba sin tapa. El agua estaba fría, y el pozo era resbaloso. El astrólogo chapoteó y gritó: “¡Auxilio! ¡Socorro! ¡Alguien, por favor, ayúdeme!” Sus voces hacían eco dentro del pozo.

Un vecino que pasaba por allí escuchó los gritos. Se asomó con cuidado y vio al astrólogo empapado. El vecino corrió a buscar una cuerda, la ató bien fuerte y la dejó caer. “¡Agarra!”, dijo. Con esfuerzo, tiró, tiró y tiró hasta que logró sacar al astrólogo del pozo.

El astrólogo tosió un poco y se sentó en el suelo, chorreando agua. El vecino lo miró, y con voz amable pero firme le dijo: “Amigo, tú que dices leer lo que sucede en el cielo, ¿cómo no viste lo que estaba bajo tus pies? Antes de mirar tan lejos, mira primero por dónde caminas.”

El astrólogo bajó la mirada, se puso colorado y asintió. Ese día aprendió una gran lección. Desde entonces, siguió amando el cielo y las estrellas, pero cuando salía a pasear, miraba primero el camino. Y si alguien le preguntaba por el futuro, él sonreía y respondía: “Lo primero es cuidar el presente. Después, ya miraremos el cielo.”

Moraleja: No sirve de mucho querer saber lo que pasará mañana si te olvidas de mirar lo que tienes delante hoy.

The End

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