Dos viajeros y un oso por Esopo
Esopo
3-6 Años
2 min
Dos amigos caminan por el bosque. Un oso aparece y uno huye. ¿Qué secreto susurra el oso? Una fábula sobre la verdadera amistad y qué hacer en el peligro.

Dos viajeros y un oso

Había una vez dos viajeros que caminaban juntos por un camino que cruzaba un bosque. Eran amigos y charlaban contentos. El sol se asomaba entre las hojas, y los pájaros cantaban. Antes de entrar al bosque más oscuro, uno dijo: "Si aparece algún peligro, nos ayudaremos, ¿verdad?" Y el otro respondió: "Sí, claro. Iremos juntos y nos cuidaremos".

Avanzaron un poco más cuando, de repente, escucharon un crujido fuerte entre los árboles. Las ramas se movieron y apareció un oso grande. Tenía la nariz húmeda, las patas pesadas y unos ojos que miraban todo con atención. El oso olió el aire y empezó a acercarse.

El primer viajero se asustó mucho. Sin pensarlo dos veces, vio un árbol alto, corrió y trepó rápido, muy rápido, hasta quedar escondido entre las ramas. Se agarró fuerte y no miró hacia abajo.

El segundo viajero miró el árbol, pero no podía trepar. Sus piernas temblaban. Entonces recordó algo que había oído: "Los osos no tocan a los que parecen estar muertos". Se dejó caer al suelo, estiró los brazos y las piernas, y se quedó quieto, muy quieto, como una estatua. Contuvo la respiración todo lo que pudo.

El oso llegó hasta él. Primero le olió los pies. Luego le olió la ropa. Después acercó la nariz a su cara. El viajero no se movió ni un poquito. El oso sopló, le dio un olfateo largo en la oreja, como si quisiera susurrar un secreto. El viajero siguió inmóvil, con los ojos cerrados.

Como el oso pensó que aquel hombre no estaba vivo, se apartó despacio. Miró a su alrededor, soltó un resoplido y se marchó entre los árboles, dejando el bosque otra vez en silencio.

Cuando el camino quedó tranquilo, el amigo que estaba en el árbol bajó con cuidado. Se acercó al que estaba en el suelo y le dijo con una sonrisa nerviosa: "¡Qué susto! ¿Estás bien? Parecía que el oso te habló al oído. ¿Qué te dijo?".

El viajero se sentó, se sacudió el polvo y respondió: "Me dijo: ‘Nunca viajes con un amigo que te abandona cuando hay peligro’".

El primer viajero se quedó callado. Se puso rojo y bajó la mirada. Siguieron el camino, pero ahora caminaban en silencio, pensando en lo que había pasado. El bosque volvió a llenarse de cantos y de luz, y el corazón del viajero que había trepado entendió algo importante: la verdadera amistad se ve en los momentos difíciles.

Y así, los dos viajeros aprendieron una gran lección: prometer es fácil, cumplir es lo valioso. Porque un amigo de verdad no te deja solo cuando más lo necesitas.

The End

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